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RUTAS DESDE GIJÓN

Gijón es gastronomía y saber disfrutar de la vida; es cultura, arte y festivales; es playa y mar; es ambiente, pinchos y sidra; pero, además, es el conjunto de parroquias que conforma el concejo de Gijón, fuera del casco urbano y a tiro de piedra, que también es muy atractivo y que muchas veces pasa desapercibido ante nuestros ojos.

Gijón es gastronomía y saber disfrutar de la vida; es cultura, arte y festivales; es playa y mar; es ambiente, pinchos y sidra; pero, además, es el conjunto de parroquias que conforma el concejo de Gijón, fuera del casco urbano y a tiro de piedra, que también es muy atractivo y que muchas veces pasa desapercibido ante nuestros ojos.

Por Jordi Jofré (Revista Viajeros edición 165)

Hablamos de rutas para recorrer a pie, en bicicleta, segway o, incluso, a caballo. Son itinerarios que transcurren por el interior o la costa, adentrándose en las distintas parroquias que forman el concejo. Algunas se disfrutan tan solo dejándose seducir por los paisajes y los parajes naturales.

Otras, en cambio, son como un libro abierto que nos ilustra sobre la vida rural del enclave. Hay, por tanto, para todos los gustos. Y durante el verano os recomendamos que, entre baño y baño, entre concierto y museo, os animéis a descubrir la otra cara de este encantador rincón asturiano.


Lecciones de vida rural en Cenero

Si nos acercamos a Trubia, un barrio de la parroquia de Cenero, tendremos a nuestro alcance un manual ilustrado y en tres dimensiones de la vida rural asturiana. El primer capítulo nos habla de una casería típica. Vemos una corrada que es el espacio que distribuye las distintas dependencias: la vivienda, la cuadra (que normalmente se comunicaba con la anterior) y una panera (o un hórreo). Sobre estas últimas podríamos hablar largo y tendido, y qué mejor lugar que este donde nos encontramos, que conserva un buen catálogo de ellas. Es muy habitual que se hallen decoradas con motivos geométricos y vegetales. Lo que es más extraño es el ejemplar que tenemos un poco más adelante, una panera gigante con 12 puntos de apoyo (realmente se trata de dos juntas).

Si seguimos caminando, a tan solo una decena de pasos, nos sorprenderán los colores vivos de una que nos impresiona y coronamos como la más hermosa de la zona. Sus virtudes más reseñables son sus colores vivos y una decoración que simula ventanas y ladrillo. Al fondo, en la ternada (el pajar) nos saluda el dueño de esta miss. Amablemente nos contesta a nuestras preguntas. “Siempre hay cosas que guardar… y con los tiempos que corren, no será extraño que tengamos que volver a guardar los alimentos”, afirma con una sonrisa cómplice. Y es que antes aquí se conservaban productos de la huerta y derivados del cerdo (jamón, tocino, chorizo, etc). De sus barandillas suelen colgar ajos, cebollas y maíz. El paisano nos cuenta alguna curiosidad más, como que las paneras están construidas sin clavos de hierro o que los restos que resisten al paso del tiempo detrás de su casa pertenecen al torreón Trubia de Valdés.

Si pensamos en cómo se organizaban las poblaciones antaño debemos tener en cuenta que se trataba de núcleos aislados, principalmente minifundios o fincas pequeñas con cerramiento vegetal que conforman el paisaje típico asturiano. Así, elementos como el abrevadero, el lavadero o el aferraderu servían para transmitir noticias, nacimientos y defunciones. En el citado aferraderu, del cual tenemos un buen ejemplo en estos lares, se herraban bueyes y, en menor medida, caballos (ya que era un lujo tener uno). Todavía se conservan las cinchas que elevaban a los animales para esta labor.

Seguimos andando hasta la capilla de la Virgen de la O. Normalmente está cerrada pero si tenemos la oportunidad de entrar no hay que desaprovecharla y conocer de primera mano su curiosa virgen gestante. Muy cerca, vemos una carpa donde se celebran las fiestas populares. Este hecho nos recuerda la costumbre que nos contaron no hace mucho, la Puja del ramo, una subasta al alza (es decir, con precios por encima de lo normal) de productos donados por los mismos vecinos: gallinas, hogazas de pan, fabes, un jamón el que se sentía espléndido… el dinero obtenido servía para sufragar los festejos anuales.

 


Durante nuestro paseo etnográfico, que por cierto finaliza en la Abadía de San Juan de Cenero, hay que disfrutar de los pequeños detalles. Resulta divertido tratar de identificar los árboles y los productos de la huerta que se ven por el camino. Es muy típico ver limoneros e higueras, así como palmeras que nos hablan de las aventuras de los indianos. Una pomarada silvestre, con sus manzanos bien separados y la hierba silvestre creciendo a sus pies, nos recuerda otra fiesta indispensable por estas tierras, la de la Espicha, donde se prueba la nueva sidra del año, siempre acompañada de comida casera: huevos cocidos, bollos preñados, empanadas, etc. Reconoceremos también los laureles (la de lentejas que habrán coronado) y algún avellano (en asturiano se llaman ablano y las señoras que vendían los cucuruchos de avellanas, ablanedas). Los más ilustrados distinguirán los guindales, árboles de cerezas pequeñas con las que se elabora un licor típico. Sorprende, además, que muchas de las caserías reconvertidas, algunas en forma de chalets de campeonato, conservan elementos para no olvidar su pasado: un carro debajo del hórreo, una desgranadora de mazorcas de maíz, el horno de pan, etc. Además, por si no queda claro, muchas están bautizadas con nombres tan sugerentes como la Terruca o el Lloreu (el laurel).

Hasta ahora hemos mirado de cerca. Si lo hacemos de lejos, veremos tres hitos principales: el Monte Areo (que separa Carreño de Gijón), el embalse de Andrés de los Tacones y la industria de Arcelor (donde trabajaba la mitad de la población de la zona en los 70).

Y llegamos al final de la ruta con la abadía, la casa rectoral y detrás, el negocio del cura –los terneros de engorde– como protagonistas. El templo religioso data del siglo XIII, en plena transición del románico al gótico. Llama la atención las dos estatuas que custodian la entrada (denominadas Fe y Esperanza) y su arco lobulado, uno de los pocos ejemplos de las influencias mozárabes que podemos encontrar en Asturias.


Rutas para todos los gustos

Lo bueno es que esta es solo una de las opciones. Tenemos a nuestra disposición un abanico de alternativas que se adaptan a todos los gustos. Muchas de las rutas parten del casco urbano y se adentran en parajes muy sugerentes. En la web turística de Gijón encontraremos información detallada de todas. Nosotros pasamos a comentar brevemente un par de ellas que nos ha llamado la atención especialmente.

La Senda Litoral, por ejemplo, recorre parte de la costa y permite descubrir playas y calas con encanto. Partiendo de la mítica San Lorenzo, se dirige a la Ría de los Vaones y El Rinconín, ambas formadas por cantos y rocas. Prosigue el itinerario con los acantilados como compañeros y se llega la playa de Serín, conocida por muchos por su ambiente naturista. En la misma línea, nos toparemos con La Cagonera, también idílica por su soledad y por la vegetación que la rodea. La senda continúa poniendo rumbo a Estaño, otra playa rural, y finaliza en la de La Ñora, considerada como una de las más hermosas del litoral gijonés por su ubicación y alrededores.

Nuestra última recomendación es la Ruta Peña Francia que transcurre por la parroquia de Deva. En total son seis kilómetros por senderos muchas veces jalonados por vegetación ribereña. No faltan aquí tampoco elementos etnográficos ni patrimonio histórico, al igual que leyendas de la zona que alegran el camino. A mitad de ruta, más o menos, se pasa cerca del Jardín Botánico que hay que conocer si no se ha hecho antes.


Después de la caminata, que finaliza en el singular paraje conocido como el Güeyu de Deva (Ojo de Deva), donde nace el río Peña Francia, se puede reponer fuerzas con deportes casi nacionales en Asturias. Por un lado, encontraremos un par de merenderos, Chabolu y Casa Yoli, estupendos para degustar productos típicos mientras se disfruta de la tranquilidad del prado en el que se asientan. Y, finalmente, nos podemos animar y hacer la visita guiada en el Llagar Piñera, descubriendo así alguno de los muchos secretos que esconde la elaboración de la sidra.


Más información
Turismo de Gijón
Tel. 985 341 771, www.gijon.info

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