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VIAJES. Valencia. La puesta en escena de Ruzafa

Una veintena de calles reúnen parte de los locales más originales y auténticos de Valencia. El barrio de Ruzafa está de moda, o mejor dicho, sigue de moda. Aunque para muchos, lo que aquí pasa no es una moda sino un modo: la manera de entender la vida de quienes lo habitaron siempre junto con los que se instalaron en él dándole nueva energía con savia renovada.

Una veintena de calles reúnen parte de los locales más originales y auténticos de Valencia. El barrio de Ruzafa está de moda, o mejor dicho, sigue de moda. Aunque para muchos, lo que aquí pasa no es una moda sino un modo: la manera de entender la vida de quienes lo habitaron siempre junto con los que se instalaron en él dándole nueva energía con savia renovada.

Por Óscar Checa (Viajeros 174)

Hay pocas cosas tan deleitosas como el aroma a pan recién horneado, mezclado con el de bizcochos, pasteles y café, así, de buena mañana, y con el sol calentando suavemente, a través de las cristaleras, nuestro cuerpo aún medio adormilado y destemplado por la brisa fresca de la madrugada. La estampa puede ser de muchos lugares pero en esta ocasión corresponde a Valencia, al barrio de Ruzafa, a la calle Cuba y al maravilloso Circa, una antigua tienda de ultramarinos convertida en una cafetería diferente. Diferente por los productos, por su concepto y por su decoración. De los primeros se encarga Rodrigo, con elaboraciones caseras e ingredientes completamente naturales, casi sin azúcar. Tostas, pasteles, zumos, batidos y helados… de autor, además de pan que hace por encargo durante el fin de semana. Ana, es la que tuvo la idea de este lugar que sigue la estela de otros establecimientos del barrio pero que tiene personalidad propia. Y su hermano, Germán Esteban Fernández, fue el que llenó las paredes de puertas de colores, cabezas de animales de resina y musgo natural.

Pues aquí es donde hemos comenzado nuestra ruta por Ruzafa, el “barrio de moda” de Valencia que, en tiempos de los árabes, fue el inmenso jardín de un palacio privado, y después se convirtió en huertas. Era un pueblo situado a las afueras de la capital hasta que a finales del siglo XIX, con la expansión de la ciudad, quedó integrado en la misma. En su historia reciente ha pasado de ser un barrio marginal a ser el lugar en el que todos quieren estar, vivir o salir.

Desde que hace unos años empezaron a instalarse por aquí artistas y diseñadores, Ruzafa no ha parado de florecer: se restauran y adecentan sus edificios de estética ecléctica que combinan el modernismo con los ‘neos’ –neoclásico, neogótico, etc.–; se plantan árboles; se arreglan las calles y se abren locales de todo tipo: librerías, bares, restaurantes, galerías, estudios de arquitectura… Hay gente joven que se ha trasladado y gente que vive aquí desde siempre. Y parece ser que han hecho buenas migas.

También hay que decir que a punto ha estado de morir de éxito pues, la afluencia de todos los que quieren vivir (sobre todo la noche) el barrio lo convirtió por momentos en un lugar… digamos... estridente. Hoy el asunto está más calmado pero la ebullición creativa, juvenil y atrevida continúa.

De Cádiz a Cuba

Salimos a la calle para disfrutar de la mañana en Ruzafa, para ver cómo la particular luz de Valencia, brillante y sedosa, se va abriendo paso en la cuadrícula del barrio, dando vida a los edificios pintados de colores pastel. La primera visita mañanera no puede ser a otro lugar que el Mercado de Ruzafa, uno de los mejores de la capital. Junto a los puestos tradicionales, algunos otros especializados en productos gourmets o selectos, como el de Javi Morcillo, especializado en algas y setas, o el de Virginia, que lleva 30 años detrás de su mostrador, ofreciendo la mejor charcutería, jamones, quesos y vinos.

El horario matinal sirve también para echar un vistazo por las tiendas del barrio. Gnomo, en la calle Denia, es una de las pioneras y más divertidas. Aquí puedes encontrar objetos vintage y de diseño (como cámaras Polaroid o macetas invertidas Boskke), láminas de artistas locales (Tutticonfetti o Paula Bonet) o chupetes con bigote para niños modernos (y padres guasones). En fin, objetos absolutamente imprescindibles para la supervivencia contemporánea, como dicen Álvaro y Esther. En la misma calle, Kowalski es un lugar donde se pueden comprar “cosas de Bellas Artes, etc”. Parece una tienda de película, repleta de objetos (libros, cuadros, fotografías, pinceles, frascos de colores…) presentada como un cuidado decorado en el que Marcos, el dueño, atiende y pinta, sin parar, como si quisiera recuperar el tiempo que ‘perdió’ trabajando como economista. No es el único de por aquí que decidió hacer lo que realmente le gustaba o le apetecía… ¡y que saliera el sol por Antequera! María, Marcos y Christian y Salvo y Philippo son algunos otros.

María habita en el universo de Madame Mim, otra sorprendente cueva de Alí-Babá atiborrada de (entre otras muchas cosas) ropa, calzado, complementos y muebles de casi cualquier época, dispuestos en una  estudiada escenografía. Los vende, pero también los alquila, igual que el espacio del fondo de la tienda, para películas, sesiones de fotografía, eventos, etc. Marcos y Christian terminaron sus estudios de economía, presentaron un proyecto al concurso Unemployed of the year, de Benetton, y quedaron en el cuarto puesto… ¡de todo el mundo! Eso les animó para pedir un crédito y abrir el Unhate Café, un bar-café punto de encuentro y espacio gratuito para celebrar actividades culturales. Así que aquí siempre hay alguna exposición, concierto o evento que sirve de excusa perfecta para disfrutar de las tartas que preparan y de buena compañía.

Por su parte, Salvo y Philippo decidieron montar una pizzería “de verdad” porque no encontraban ninguna donde comer “una auténtica pizza italiana”. Y así nació Mangiamo, que al principio fue sólo un local de pizzas para llevar y desde hace un año es también restaurante. Tras muchos cursos y viajes, ahora son expertos pizzaïolos que ofrecen, en lo que a cuestión de sabores se refiere, una pequeña parte de Italia en Ruzafa.

De quince en quince

Las galerías de arte también abundan en este barrio. Muchas son espacios duales, mitad estudios de arquitectura o diseño y mitad escaparates de las más diversas tendencias y modalidades artísticas. Hat Gallery, Trentatres Gallery o Espai Tactel son algunas de ellas. Y son diferentes a lo que sea que se nos pasa por la cabeza cuando leemos “galería de arte”. ¿Cuál es la prueba? Seguramente que nos guste todo lo que exponen… Algo de galería tiene también la tienda Personal Bilonguis, en la calle Cuba, donde Nuria vende “efectos personales españolizados y con alma”: ropa, complementos, diseño gráfico, etc. Pero todo hecho a mano, de manera artesanal. Es la premisa para poder ser parte de Personal Bilonguis.

En Bartleby, una nueva librería situada en la calle Cádiz, la premisa es disfrutar con los libros, los cómics y los vinos. Luci y David seleccionan parejas de vinos y libros y hacen catas pasadas por letras. Lo próximo (a partir de octubre) será un ciclo de tres meses de gastronomía y cómic que no os deberíais perder. Pero también hacen exposiciones mensuales, conciertos y representaciones teatrales… bueno, la misma obra interpretada cada vez por dos actores diferentes. Una curiosa propuesta, ¿verdad? Esto de sacar el teatro fuera del teatro también ocurre con la danza contemporánea y el circuito Bucles. ¿Nuevas formas para nuevos tiempos? Quizás. Es también la apuesta del Microteatro, ideado en Madrid pero que acaba de instalarse también en Valencia (en Ruzafa, por supuesto; en la calle Cádiz). Ya sabéis cómo funciona, ¿no?: pequeñas obras de quince minutos ofrecidas en una sala de quince metros cuadrados para un máximo de quince espectadores. Si no lo conocéis, merece la pena que lo programéis en vuestro fin de semana a la capital valenciana. Y, de igual modo, no os perdáis otros dos buenos ‘escenarios’: el tradicional Ubik Café (cuyos baños están pintados y decorados con frases y personajes de la Divina Comedia, de Dante) y un recién llegado: La Montiel. No falta de ná.

Para tomar nota: El barrio en danza

Bucles es un circuito de danza contemporánea que, con la idea de generar interés y cultura dancística, acerca este género al espectador sin necesidad de que éste vaya a un teatro o sala especializada. Así, la programación de sus obras pueden tener como escenario cualquier local atractivo y no convencional para esta disciplina, desde una tienda de decoración a una galería de arte. El trasfondo es comprender que la danza como celebración, seducción, motivación, transmisora de emociones, como instrumento para el disfrute, puede encontrarse en cualquier parte, como la música, el cine o la literatura.  www.circuitobucles.wordpress.com

 

Puedes continuar informándote en la Guía de Viaje de Valencia o seguir leyendo interesantes reportajes en nuestra sección de Viajes.

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