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VIAJES. LA RIOJA. Por la Reserva de la Biosfera

Gran parte del sur de La Rioja está integrado en una Reserva de la Biosfera, lugares que destacan por la especial simbiosis del hombre con su entorno y donde eso del desarrollo sostenible es, simplemente, la forma natural y ancestral de relacionarse con la Naturaleza.

Gran parte del sur de La Rioja está integrado en una Reserva de la Biosfera, lugares que destacan por la especial simbiosis del hombre con su entorno y donde eso del desarrollo sostenible es, simplemente, la forma natural y ancestral de relacionarse con la Naturaleza. El patrimonio medioambiental, histórico, paleontológico y gastronómico se realza con la sencillez y la autenticidad de las gentes de este territorio. Esa es su verdadera riqueza.

Por Óscar Checa (Viajeros 174)

No estaba en nuestro itinerario pero por diferentes cuestiones hemos recalado en Santa Marina del Jubera, el pueblo habitado más alto de La Rioja. Y nos parece fantástico. Está a 1.243 metros de altitud, en el valle del Jubera, uno de los que forman la Reserva de la Biosfera riojana (los otros son los de los ríos Leza, Cidacos y Alhama). En los lugares que la Unesco reconoce con este distintivo se busca encontrar un equilibrio entre el hombre y su entorno. Estos territorios se consideran adecuados para la aplicación de modelos de desarrollo sostenible en los que la población local sea la protagonista. A los siete vecinos de Santa Marina no les queda otro remedio que vivir de esa manera sostenible, es decir, como han vivido siempre. Hasta aquí no llega la luz eléctrica y utilizan placas solares para obtener la energía necesaria. No es un modo de vida cómodo, tal como lo entendemos de manera general, pero ninguno de ellos lo cambiaría por irse a otro pueblo y mucho menos a la ciudad, como nos confiesa Pablo a la puerta de su casa (hecha, como las demás, de piedra de mampostería y tejado de pizarra) frente a un paisaje de sierras y lomas agrestes, entre las que nos busca el Moncayo, allá a lo lejos.

Muy cerca de las estrellas

A un buen tirón de carretera serpenteante están otros pueblos de este valle a los que nos dirigimos ahora. El primero con el que nos encontramos es Santa Engracia de Jubera. Desde aquí parte uno de los ocho anillos ciclo-montañeros (bien señalizados, topografiados y documentados) que permiten recorrer a pie, en bici o a caballo las diferentes áreas de los municipios integrados en la Reserva. Siguiéndolo llegaremos, por ejemplo, a las antiguas minas de plomo de Jubera, conocidas también como Túneles de los Moros. Se explotaron durante la década de los años cincuenta del siglo XX; después se abandonaron y ahora se han convertido en un recurso turístico más. Lo mismo ha pasado con el trujal y el molino de viento del valle de Ocón. El primero, que funcionó hasta los años setenta, mantiene intacta la estructura, dependencias y máquinas con las que se elabora el aceite de esta zona, donde hubo una importante producción de aceituna. El molino de viento tiene una historia más curiosa pues se construyó siguiendo los restos de otro antiguo descubierto hace poco. No sólo en La Mancha había molinos de viento: estos estaban repartidos por todos los territorios. Cuando se inventó el de agua, más eficiente, los de viento se abandonaron. El caso es que aquí, en el cerro de los Cuatro Vientos, entre Villa de Ocón y Santa Lucía, se ha reconstruido uno con toda su maquinaria ‘original’, hecha de madera y con las técnicas tradicionales. Las visitas ilustran muy bien del modo de vida de tiempos pasados y, en verano, hasta se recrea el periodo de recolección y cosecha del cereal junto a la molienda.

Como vemos desde el cerro, el paisaje está formado por campos de cereal, dehesas y pequeños cursos de agua. Desde luego no es la estampa que se presenta en la cabeza cuando a uno le mencionan el nombre de La Rioja. La presencia de la vid aquí no alcanza el volumen de las comarcas del norte. Lo que abundan son… las estrellas. La zona de Ocón forma parte de las reservas Starlight, lo que da cuenta de la calidad medioambiental de este territorio, desde la atmósfera hasta los bosques o las huertas. Unas huertas de donde, por cierto, salen la mayoría de los productos que utilizan Blas y Blanca en su restaurante La Alameda. En verano lo abren junto al río y en invierno se trasladan al abrigo del pueblo.

Alpargatas y huellas... de dinosaurio

Hacia el este, la Reserva de la Biosfera riojana tiene unos protagonistas absolutos: los dinosaurios. Sí, por esta parte de España se pasearon los dinosaurios en una época en que, al parecer, La Rioja era una zona litoral, una especie de delta de aguas poco profundas situada junto al mar de Tethys. Hablamos de hace unos ciento veinte mil años de nada… En el Centro Paleontológico de Igea nos explicarán todo esto de forma detallada y nos enteraremos de que en toda la provincia hay descubiertas unas 10.000 huellas de dinosaurio, 3.000 de las cuales están en los alrededores de esta localidad. El yacimiento de la Era del Peladillo es uno de los mejores lugares para ver estas huellas o icnitas. Por el número de marcas que contiene es el primero de toda Europa y el segundo de todo el mundo. En él se pueden descubrir muchísimas curiosidades sobre los animales que las dejaron y el medio en el que vivieron. Pero no se vayan todavía, ¡aún hay más! En el pueblo cercano de Enciso, junto a otro yacimiento de icnitas, encontramos el Barranco Perdido, un parque de paleoaventura enfocado especialmente a los más pequeños, con actividades como talleres paleontológicos, búsqueda de huellas y fósiles, excavaciones, laboratorios y hasta un circuito multiaventura de puentes tibetanos, toboganes y rocódromos, y piscinas entre rocas como guiño a la antigua playa de la era Cretácica.



En Cervera del Río Alhama y en Aguilar del Río Alhama también podemos seguir otras huellas. En Cervera, las que dejan las alpargatas y en Aguilar las que dejaron los celtíberos en forma de ciudad fortificada: Contrebia Leucade. La “ciudad blanca” es uno de los yacimientos celtíberos más destacados por el estado de conservación de los restos. Se fundó en el siglo III a.C., fue conquistada por los romanos, vuelta a ocupar en el siglo VI y abandonada definitivamente en el siglo IX.

Su emplazamiento, en un monte de roca caliza junto al río, es espectacular. Para sacarle todo el jugo os recomendamos hacer una visita guiada. En ella descubriréis detalles tan asombrosos como que la ciudad tenía canales de evacuación de aguas excavados en la roca, casas con dos y hasta tres pisos de altura, depósitos excavados en la piedra para almacenar agua y semillas o el impresionante foso, también creado a punta de pico y pala, y que era una de las mejores defensas y más admiradas de las ciudades de la época. Una visita al Centro de Interpretación, y también la novela histórica de Agustín Tejada os ayudarán a haceros una imagen más completa y evidente de este lugar, aquellos que lo habitaron, y la época en que vivieron.

Los Cameros

Nos quedaría por recorrer la parte más occidental de esta Reserva de la Biosfera. Es la zona de Los Cameros, entre los valles del Leza y el Jubera, un lugar profundamente marcado por el pasado ganadero y trashumante de sus habitantes. Gran parte de los bosques que cubrían estos montes fueron talados para convertirlos en zona de pasto y, al mismo tiempo, librarse de los lobos. Ante nuestros ojos desfila ahora un paisaje entre inhóspito y misterioso donde, de hito en hito, junto a los cauces de los ríos, surgen pueblos tan pintorescos como El Rasillo, Muro en Cameros o Soto en Cameros (en la imagen superior). Este último tuvo en tiempos una importante industria textil que le dio efervescencia, pero hoy la vida aquí transcurre pausada y sosegada.

La arquitectura popular, en piedra, ladrillo, madera y adobe, con edificios adaptados al relieve, a la estrechez y las pendientes, junto a los hornos, pajares y corrales que aún se conservan, hacen de este lugar una auténtica reliquia del urbanismo tradicional camerano. Paseamos por sus calles antiguas asombrándonos en cada rincón hasta que, junto a la iglesia, nos encontrarnos con un pequeño grupo de vecinas que charlan y hacen ganchillo. El sol no va a tardar en ponerse, así que decidimos dar por concluido el día y nos sentamos con ellas para compartir lo que nosotros hemos visto en nuestro viaje y lo que ellas han vivido. Y no queda más remedio que emocionarse.


GUÍA PRÁCTICA:

• Cómo llegar y moverse. La mejor manera de recorrer los lugares que os proponemos en este reportaje es en coche. Si no llevas el tuyo, puedes alquilar uno a buen precio en Hertz, que tiene agencias en unas 50 ciudades diferentes de nuestro país. Las carreteras que te acercarán hasta aquí son la A-1 y la N-120 desde el centro de la península y pasando por Burgos; la AP-68 si vienes desde el País Vasco o desde Levante, pasando por Zaragoza; o la N-111 en caso de viajar desde Soria, adentrándote de lleno en la Sierra Cebollera y Cameros.

• Dónde alojarse:

Hotel Rural Museo de la Alpargata. De cuartel de la Guardia Civil a hotel rural con museo incluido. Curioso alojamiento que cuenta con trece habitaciones y en el que está instalado un espacio dedicado a la alpargata. Habitaciones sencillas pero cómodas. San Gil, s/n. Cervera del Río Alhama. Tel. 618 227 484

Hotel Pura Vida. Un nuevo establecimiento ubicado en una antigua casa de piedra recuperada, que destaca por su cuidado diseño de interior, sus ocho habitaciones espaciosas y confortables, su buen precio y la atención y simpatía de Javier y Ascen, los dueños y gerentes. De los sitios a los que se vuelve una y otra vez. Real, 7. Valgañón. Tel. 941 427 530/ 649 786 159

• Más información: www.lariojaturismo.com y www.reservadelabiosfera.com

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