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FRANCIA. Nantes o el éxtasis creativo

¿Qué pueden tener en común Julio Verne, el muguet (o lirio de los valles), los duques de Bretaña, un elefante gigante mecánico, las galletas LU, un castillo al lado del río Loira y un maneki-neko (gato de la suerte) con peluca? Bueno pues en realidad nada, pero a todos nos los encontraremos en la ciudad francesa de Nantes.

Probablemente nunca sabremos si fue antes el lema o el espíritu, pero una vuelta por Nantes pronto deja ver que el texto que aparece en su escudo, “Favet Neptunus eunti” (y que puede traducirse como ‘Neptuno favorece a los que van hacia adelante’ o ¿a los que se atreven?) va que ni pintado con el carácter de esta ciudad. La cultura y el arte han sido los ejes de una transformación que comenzó en los años ochenta, que ha echado raíces y que año tras año aporta nuevos brotes, nuevos proyectos.

  

Pero, al parecer, los habitantes de la antigua capital del ducado de Bretaña siempre fueron emprendedores: en los siglos pasados sus navegantes y comerciantes fueron los primeros en interesarse por las Antillas (lo que también convertiría a Nantes en el primer puerto negrero de Europa, un tema tabú durante mucho tiempo pero que se afronta ahora rindiendo respeto y homenaje con el Memorial de la Abolición de la Esclavitud); construyeron barrios de espléndidos palacetes y, más recientemente, idearon proyectos para soterrar los ríos que la atravesaban y crearon grandes empresas conocidas en todo el país (como los caramelos Berlingot o los Rigolettes) y fuera de él (como las conservas Bonduelle o las Galletas LU). Ese espíritu sigue en la ciudad y, por lo que vemos, más osado que nunca…

Cuidado con los elefantes

Empezaremos por uno de los lugares donde esa osadía es más palpable: la Isla de Nantes, una isla fluvial, en mitad del río Loira y frente al centro de la ciudad. Por un lado está el Barrio de la Creación, en el que se han levantado modernos edificios que al mismo tiempo albergan escuelas de arquitectura, artes gráficas o diseño, y empresas vinculadas al mundo de la cultura. Y por otro, el Parque de los Astilleros. Gran parte del espacio ocupado por las antiguas fábricas e instalaciones portuarias es ahora un inmenso parque en el que los elementos del patrimonio industrial como grúas y hangares, se han transformado en bares, restaurantes, museos, discotecas, teatros y ateliers de artistas. Nos topamos con una señal de aviso: “Cuidado con los elefantes” justo cuando vemos a lo lejos que la gente se arremolina alrededor de un enorme paquidermo que avanza a paso lento. Es uno de los delirios creativos de esta ciudad, una de las ‘Máquinas de la Isla’. A lomos del Gran Elefante podemos recorrer este espacio, pero casi es más divertido seguirlo por tierra mientras arroja agua por la trompa a la turba de niños (y no tan niños) que se quedan perplejos ante esta mole tan fuera de lugar.


El bestiario imaginario inspirado en los mundos de Julio Verne y Leonardo da Vinci continúa en el Carrusel de los Mundos Marinos y el Carrusel de Andrea. El segundo está especialmente pensado para los más pequeños. El primero, con sus tres pisos, es el lugar donde los adultos vuelven a ser niños, subidos en submarinos, peces abisales, y cangrejos, todos ellos articulados y accionados con la ayuda de sus ‘pasajeros’. Muy curioso, la fascinación que nos provocan los carruseles, ¿verdad?

Un Lugar Único

Esa misma fascinación nacerá en todo lo que rodea Le Lieu Unique, el escenario por el que pasa gran parte de la actividad cultural de Nantes. La antigua sede y fábrica de las galletas LU se ha convertido en un centro donde lo mismo puedes ver una exposición como un espectáculo de circo, una obra de teatro, comprar objetos de diseño, salir de copas y hasta relajarte en un hamman (concretamente en uno que se encuentra entre los más grandes de Francia). Todo eso está aquí, en el edifico LU (cuyo nombre se ha convertido en acrónimo de Lieu Unique –había que decirlo, para los menos avispados-), junto al Canal Saint-Félix, donde por la noche se proyecta sobre el agua una imagen de Laetitia Casta, que es una obra de arte contemporáneo sobre el tema de las ninfas.


Y es que el barrio histórico tampoco se ha quedado atrás en esta renovación emocional. Desde la parte medieval, justo enfrente del Lugar Único y donde se levanta el Castillo de los Duques de Bretaña, hasta los barrios Feydeau (siglo XVIII) y Graslin (siglo XIX), una serie de intervenciones e instalaciones artísticas jalonan un recorrido que nos lleva por parques o tiendas con curiosos ‘blasones’ o ‘enseñas’, además de por lugares singulares como La Cigale (una brasserie que cumple 120 años), la Isla Feydeau (el lugar donde nació Julio Verne, que ya no es tal isla y cuyos edificios se hunden y ladean al estar construidos sobre un manto artificial de arena) o el Pasaje Pommeraye, una galería cubierta, única en Francia, donde venían a comprar y pasear los nanteses decimonónicos, con sus mascotas (perros y tortugas!). Se cuenta que Julio Verne asistió a las obras de este pasaje y que le sirvió de inspiración para diseñar la cabina del Nautilus de su capitán Nemo. Es más factible que otra leyenda que dice que el escritor abrió una de las puertas del interior de este lugar y tuvo una visión del futuro siglo XX, aunque, ¿quién sabe?, visto lo visto, en Nantes puede pasar lo más extraordinario…
 


GUÍA PRÁCTICA

Dónde alojarse. Oceania Hotel de France. 4*. Justo al lado de la Plaza Graslin, en el centro del barrio histórico (que, además, es peatonal en gran parte). Hotel emblemático de la ciudad, remodelado recientemente con un espíritu entre lo art déco y lo contemporáneo. Estampados de cebra en sus paredes conviven con escaleras y candelabros clásicos… para estar bien integrado en el espíritu creativo de la ciudad!


Dónde comer. Te recomendamos varios lugares:

Le 1. En la Isla de Nantes. Un restaurante de corte moderno cuya cocina combina las tradiciones culinarias de Europa, Japón, China e India. El resultado en el plato se describe perfectamente con lo que acabas de pensar al leer la frase anterior.

Le Coin des Crêpes. Aunque oficialmente Nantes no es Bretaña, la gastronomía bretona está muy presente y no pueden faltar los crepes. En este restaurante podrás probar algunos de los más deliciosos, junto a diferentes tipos de sidra o cerveza artesanal.

La Civelle. Para degustar la gastronomía tradicional de Nantes, en el pequeño y pintoresco pueblo de Trentemoult, en la orilla izquierda del estuario.

 


Vinos, pasteles y chocolate. Uno no se puede ir de Nantes sin haber probado estas tres cosas, algo que será muy, muy fácil! La Maison des Vins de Loire es el lugar perfecto para un primer contacto con los vinos de la región. Realizan catas y excursiones enoturísticas, además de vender vino, claro. Aquí descubrirás el muscadet, el vino de Nantes, que podrás después probar en alguno de los animados bares de vinos del centro como La Comédie des Vins.

Algunos de los mejores pasteles tradicionales (como el gateau nantais o el kouign-amann) los encontrarás en la Maison Georges Larnicol del Passage Pommeraye, mientras que Aux Merveilleux de Fred ofrece tentaciones más contemporáneas pero igualmente irresistibles. En cuanto al chocolate, también podrás irte bien servido en lugares con tanta solera como Debotté, donde te recomendamos que pruebes el mascaron nantais (praliné crujiente de avellanas y chocolate negro).
 

Más información. Turismo de Nantes y Atout France España.

 

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Texto y fotos: Editorial Viajeros

La aerolínea de bajo coste Transavia conecta, desde este mes de abril, Nantes –una de las principales ciudades francesas de la costa atlántica– y Madrid. Los vuelos, que tienen lugar los martes, jueves y domingos, tienen un precio desde 37€ (por persona y trayecto).

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