Textos y fotosOscar Checa
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GASTRONOMÍA. Flores comestibles

Flores, sí. No nos hemos equivocado de sección: estamos dentro de la de Gastronomía y en esta edición vamos a hablar de flores… flores comestibles. Tal vez no sea algo muy corriente, aunque desde hace unos años hay cada vez más cocineros y empresas especializadas que apuestan por la utilización de las flores como elemento gastronómico.



Flores, sí. No nos hemos equivocado de sección: estamos dentro de la de Gastronomía y en esta edición vamos a hablar de flores… flores comestibles. Tal vez no sea algo muy corriente, aunque desde hace unos años hay cada vez más cocineros y empresas especializadas que apuestan por la utilización de las flores como elemento gastronómico.

Más allá de la simple decoración de un plato, las flores pueden ser un ingrediente que, a modo de sazonador, puede aportar sutiles sabores y matices. De todas formas, si lo pensamos bien, no es nada del otro mundo: primero porque son parte de los vegetales que comemos y, además, porque ya consumimos flores como alimentos, aunque no nos hayamos percatado… Las alcachofas, la coliflor, las alcaparras o el brócoli son, en realidad, flores. Otra flor que nos parece deliciosa es la del calabacín, que se suele comer rellena, rebozada y frita. Y en ese caso sí vemos más claramente la ‘forma’ de flor. Pero ¿se pueden comer las rosas, la lavanda, el geranio o los claveles? Pues sí, claro que sí. Esas y otras muchas, siempre que se hayan cultivado expresamente para ese fin y hayan seguido un control específico y un cultivo totalmente ecológico. ¡Que a nadie se le ocurra pegarle un bocado a un ramo de flores de una floristería!
 

Las flores aportan deliciosas vitaminas

Como cualquier producto natural, las flores comestibles tienen propiedades que pueden ser beneficiosas desde el punto de vista nutricional. Sobre todo pueden aportar gran cantidad de vitaminas, minerales, proteínas, grasas y aminoácidos, y algunas de ellas son adecuadas para mejorar la digestión. Por otro lado, dan color y sabor a los platos, lo que los hace más apetecibles. Los pétalos de flores se utilizaban antiguamente como guarnición en ensaladas o para preparar tés. Esto último es algo que se ha seguido haciendo hasta hoy en día y que constituye un ejemplo más de la presencia de las flores en nuestra gastronomía.


A qué saben las flores

Pero ¿a qué saben las flores? Pues cada una tiene un sabor diferente. Por ejemplo, la begonia tiene un sabor ácido, parecido al limón; la caléndula, amargo; la capuchina, picante; los tagetes desprenden un aroma cítrico e intenso; el hibuscus sabe a uva… Muchas se pueden consumir crudas, acompañando platos, en ensaladas, etc. El clavel y la clavelina van muy bien con ensaladas de frutas y con cremas; el geranio aporta diferentes sabores a tortas y pasteles; la bergamota silvestre, con su sabor fuerte, acompaña perfectamente platos con carne de cerdo, pescado y pollo; el pensamiento tiene un sabor suave y se consume en ensaladas dulces o con quesos, etc. ¿Cuál de ellas te apetece?

 

Batallas de flores

Las flores también suponen un potente atractivo turístico. Además de los espectáculos naturales como la floración de los cerezos del valle del Jerte o de los almendros de la isla de Ibiza o de la provincia de Alicante, que atraen cada vez a más visitantes, hay fiestas que se celebran alrededor de esta temática o donde las flores juegan un papel importante. Córdoba y sus fiestas de mayo como Los Patios es un buen ejemplo. También se celebra aquí un desfile de carrozas adornadas con flores que da lugar a una posterior batalla floral. Este tema se repite en otros lugares de España como en Laredo (Cantabria). Aquí tiene lugar en el mes de agosto. La Batalla de Flores de Laredo se celebra desde 1908 y en el desfile compiten decenas de impresionantes carrozas de flores, en las que se utilizan sobre todo dalias, margaritas y clavelones. Otra batalla de flores se celebra en Valencia a finales de julio.

Flores cristalizadas

Un “auténtico caramelo natural”. Así define Laura Carrera las flores cristalizadas, una creación de su pequeña empresa dedicada a las flores comestibles. Ella vende flores frescas pero para diferenciarse de otras empresas que también lo hacen, creó este otro producto que nadie más elabora en Europa, al menos desde el punto de vista de la comercialización. Las flores se lavan, se sumergen en una glasa (clara de huevo pasteurizada, gelatinas y aromas) diferente para cada especie y después se rocían con azúcar, pétalo a pétalo. Por último se meten en el horno, donde se someten a una deshidratación a baja temperatura. El resultado es exactamente lo que decía Laura: un caramelo natural con forma de flor. www.floresenlamesa.com



 

Texto y fotos: Valentín Rodríguez

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Texto y fotos: Editorial Viajeros

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