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VIAJES. ISLAS AZORES. PERDIDAS EN EL ATLÁNTICO



 

Carga las baterías que nos vamos a explorar las mágicas Islas Azores cámara en mano. Entre cuevas, pasteles de arroz, faros, delfines y bosques misteriosos daremos rienda suelta a una de nuestras aficiones preferidas: la fotografía.

 

Texto y fotos: Jordi Jofré (actualizado 30 julio 2017) Reportaje completo en Viajeros 184.

 

Las Azores, perdidas en medio del Atlántico, casi equidistantes entre América y Europa, son nueve islas que destacan por su mezcla de exuberancia, paz y sobriedad. De origen volcánico, y antaño tierras de balleneros y corsarios, enamoran con su diversidad de paisajes y tranquilidad. Y esa variedad y calma nos recuerdan una de las pasiones que muchos de vosotros disfrutáis: la fotografía.

Ya sea con una réflex o con un móvil para tu cuenta de Instagram, las Azores te proporcionan instantáneas sorprendentes. Cuentan, además, con una ventaja: su climatología, que regala en un mismo día fenómenos atmosféricos de todo tipo. Así, la imagen de los acantilados será diferente si luce el sol o si se hallan coronados por sombreros alados de nubes. Las entradas a las grutas, que hay muchas, pueden pasar de parecer terroríficas a ser mágicas gracias al brillo de los helechos. Y así continúa la lista, que es larga en cuanto a lugares inspiradores de encuadres, desenfoques y juegos cromáticos.

 

 

Para sacar el máximo partido al viaje, te invitamos a que pienses como un retratista. Ya sea con una pincelada o un disparo, los grandes artistas saben plasmar la personalidad del personaje con el que trabajan. Para ello, aparte de grandes dosis de talento y técnica, normalmente han estudiado a fondo el objeto de su obra para que el espectador, de un vistazo, sea capaz de percibir todo tipo de sensaciones. Pues ese es nuestro consejo: si entendemos bien la idiosincrasia de Las Azores probablemente podamos reflejarla en nuestras fotos.

 

 

Terceira y Graciosa

 

Como decíamos, las Azores conforman un archipiélago de nueve islas. Y cada una de ellas presenta una tarjeta de visita bien distinta, con acusadas diferencias paisajísticas en algunos casos. Nuestro recorrido se va a centrar en dos de sus ínsulas centrales: Terceira y Graciosa. Para otro viaje nos reservamos las visitas a Pico, San Miguel o Flores, que también prometen ser muy sugerentes. En todo caso, recuerda que puedes configurar varios viajes en uno mismo si saltas de isla en isla, ya sea por mar o por aire. Cargamos las baterías y formateamos las tarjetas para poder captar lo mejor de este rincón atlántico.

 

Retazos de historia de las islas Azores

 

Dicen que Angra do Heroísmo, actual capital de Terceira, fue la primera ciudad europea del Atlántico. También se cuenta que era un rincón perdido en el océano por el que no pasaba nadie y que de repente empezó a atraer a gentes de lugares muy diversos. Y es que fue un puerto de escala obligada para las largas y peligrosas travesías transoceánicas hasta que, en el siglo XIX, los barcos de vapor aparecieron en escena. Patrimonio Mundial desde 1983 por su racional trazado urbanístico, es un importante testigo de la historia portuguesa que invita, sin duda, a ser fotografiada. Para las panorámicas lo mejor es acercarse al Monte do Brasil que en realidad es un volcán extinguido y que alberga la fortaleza de San Juan Bautista. Más tarde, puedes jugar con la luz y hacer clic desde el Alto de la Memoria que ofrece la cara contraria de la ciudad y atardeceres que merecen la pena.

 

 

Paseando por Angra, ya a pie de calle, te toparás con varios edificios históricos de carácter civil y religioso. Prueba con los reflejos (¿qué tal la silueta de una iglesia en el parabrisas de un coche?) pero, sobre todo, no desaproveches el colorido de sus ventanas y fachadas: desenfoques y ángulos atrevidos te esperan. Imprescindible es acercarse al Porto das Pipas por la vocación marinera del lugar y el juego que nos darán los barcos. Abre bien los ojos porque la mejor foto quizás no sea lo más evidente sino, por ejemplo, como nos pasó a nosotros, un chaval saltando con el monopatín con las velas de los barcos como telón de fondo. Aparte de animarte a comer en alguno de sus restaurantes típicos, al caer la noche aprovecha la iluminación de alguna de sus empinadas y sinuosas calles para ponerte a prueba con la fotografía nocturna, ejercicio para el que también se presta la ya nombrada fortaleza de San Juan Bautista.

Sin salir de Terceira, Praia da Vitória, esconde también capítulos relevantes de la historia azorina. No en vano su nombre es un homenaje de la Reina María II que, en 1837, quiso agradecer a la población su lealtad (y bravura) en la primera victoria de los Liberales sobre los Monárquicos. Hoy día es una de las plazas más modernas del archipiélago como demuestra su puerto. No falta la actividad comercial en sus calles que se prestan a pasear y descubrir algunas sorpresas y edificios notables. Para apreciar el entorno, y tomar panorámicas ‘imponentes’, nada mejor que acercarse al Miradouro do Facho desde donde se contempla la ciudad, su bahía y las montañas de la Serra do Cume.

 

Saboreando la sencillez de Graciosa

 

No pienses que nos olvidamos de Graciosa que, tal y como adelanta su nombre, es una isla simpática. Sus reducidas dimensiones (12,5 km de largo y 7 km de ancho), junto a su suave orografía, hacen de ella un lugar para ser degustado con calma. La música forma parte del espíritu insular y casi todas las pedanías cuentan con una banda filarmónica. Igual de sorprendente es la famosa fábrica de pasteles típicos (Queijadas da Graciosa) donde nos contaron que con ellos endulzan bodas de hasta 800 personas. Teniendo en cuenta su reducida población (en torno a 5.000 habitantes) no es difícil imaginar la importancia de estos eventos. Invitados o no a algún bodorrio, es casi irremediable fotografiar alguno de sus molinos que, con sus cúpulas rojas e inspiración holandesa, motean su paisaje.

 

 

Igualmente, no hay que dejar de visitar la Furna do Enxofre, una impresionante gruta que nos habla del origen volcánico del archipiélago. Las rutas por la isla suelen reservar paradas en lugares como el faro Ponta da Barca que regala llamativas vistas de la isleta de la Ballena y donde Mario, el farero, puede contarte anécdotas curiosas. Si vas buscando playas, quizás Graciosa te decepcione porque su oferta es muy limitada. No obstante, y volviendo a nuestra motivación fotográfica, cuenta con lugares que te darán mucho juego. Uno de ellos son las termas do Carapacho, un balneario del siglo XIX que convive con unas piscinas naturales muy concurridas cuando llega el buen tiempo. Pero si buscamos inspiración, merece la pena dedicarle un rato a los viñedos que destacan por utilizar pequeños muros de piedra para proteger las uvas de las inclemencias meteorológicas. Por cierto, en esta isla, que sufre de vez en cuando sequías, se dice que hay más vino que agua: ¡otra razón más para visitarla!

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Más información en www.visitportugal.com y en www.visitazores.com

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