Textos y fotosDavid Santiago
Compartir

FOTOGRAFÍA DE VIAJE. Los bosques

Fofotografiar el interior de un bosque, que es el tema al que dedicamos este apartado en esta ocasión, requiere disponer de conocimientos avanzados de fotografía. Uno de las principales dificultades es la iluminación, ya que sus niveles son poco estables y cambian con mucha frecuencia.

Fofotografiar el interior de un bosque, que es el tema al que dedicamos este apartado en esta ocasión, requiere disponer de conocimientos avanzados de fotografía. Uno de las principales dificultades es la iluminación, ya que sus niveles son poco estables y cambian con mucha frecuencia. Las vistas, además, son muy restringidas debido a la abundancia de troncos, ramas y hojas. A las dificultades anteriores hay que añadir que con el paso de las estaciones muchos cambian su imagen. Para percibir esta circunstancia no hay más que observar el verdor de la primavera y el verano, en contraste con los ocres del invierno, o los ricos colores otoñales. Otros factores a tener en cuenta son si los árboles son de hoja caduca o perenne –no es lo mismo fotografiar un hayedo, donde llega escasamente un cinco por ciento de la luz al suelo, que un pinar; y cuál es la altitud, ya que esta delimita la presencia de determinadas especies.
 

 

Principales inconvenientes

Uno de los mayores problemas con el que nos encontramos es medir la exposición. Los días con el cielo cubierto, nieblas o brumas, el cálculo puede resultar relativamente sencillo si la luz es, más o menos, uniforme. En este tipo de situaciones suelo utilizar el modo matricial, es decir, aquel en el que la cámara me permite efectuar una lectura media de toda la imagen. El problema surge cuando salimos al campo y nos encontramos con que el interior de un bosque aparece salpicado de pequeños golpes de luz y grandes contrastes. Mi consejo es que no hagas fotos por hacer y que esperes condiciones más favorables. Sin embargo, si insistes en hacerlas, céntrate en los pequeños detalles o en aquellas zonas donde los cambios de luz sean más suaves. Utiliza la medición puntual y mediante el histograma busca una lectura lo más equilibrada posible entre los blancos y negros.

 

¿Qué metodología seguir?

En las regiones de clima templado el hecho de que determinadas especies arbóreas pierdan su follaje durante el otoño marca en buena medida la manera de trabajar en este ecosistema. A lo largo de esa estación, con el fin de aportar más color a mis imágenes, visito más los bosques de hoja caduca.


La primavera es un momento excepcional, ya que las hojas nuevas presentan un brillo e intensidad de color de la que carecen el resto del año. En cambio, el invierno y el verano me empujan más a recorrer los bosques de pinos, abetos, encinas o alcornoques. El motivo es que éstos no suelen experimentar muchos cambios con el paso de los meses (exceptuando, claro está, cuando cae una gran nevada).
 

Aprovechar los contraluces

Fotografiar a contraluz los árboles en las riberas de los ríos, cuando los chopos, abedules y sauces cambian el color de sus hojas, es otro momento que suelo aprovechar, ya que al dejar pasar más los rayos del sol tienen un brillo especial.

El mediodía es el mejor momento, en mi opinión, para fotografiar los pinares, sobre todo si el cielo está cubierto de nubes (ya que la luz es más homogénea). En este ecosistema no suelo hacer muchas fotos durante el crepúsculo, debido a la poca luminosidad, al igual que tampoco me obsesiono mucho con los amaneceres y atardeceres, salvo que busque conseguir una vista general desde un punto alejado. Es mucho más importante que exista una luz uniforme, sin claroscuros, que el momento propio del día.
 


Instantes mágicos

Entre los momentos más especiales que se repiten de forma periódica en mis andanzas por los bosques, quiero destacar el hecho de levantarme al amanecer los días más fríos de invierno para capturar el instante en el que el sol se abre paso entre la niebla en un encinar. Es un momento cargado de misterio en uno de los paisajes más representativos de la Península Ibérica.


También me encanta adentrarme durante la primavera en un hayedo cuando el sol se oculta por el horizonte, y se crea una atmósfera fría, muy particular, si bien es cierto que solo puedo hacer fotos durante un intervalo muy pequeño de tiempo, antes de que caiga mucho la luz.
 

Esta impactante imagen de una ballena jorobada, su cría y un grupo de buceadores ha obtenido el primer premio del concurso fotográfico de viajeros de National Geographic. La fotografía fue realizada por Anuar Patjan Floriuk, de Puebla, México.

Texto y fotos: Dariel Rodríguez

Turistas de todo el mundo se sienten atraídos cada año por los enigmas y el encanto de la mayor de las islas del Caribe. La diversidad arquitectónica y un diseño urbanístico que habla de su historia se percibe en sus calles, plazas y espléndida vida nocturna. Pero ¿cuál es La Habana que capta la lente de un cubano? Dariel RP nos la muestra.

Más experiencias seleccionadas para ti