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VIAJES/CULTURA. Paseos con arte en Málaga

Hay ciudades oscuras y ciudades luminosas; ciudades apagadas y ciudades vibrantes; ciudades grises y ciudades en colores. Decididamente, Málaga pertenece a las del segundo grupo. Y más, tras unos años en los que, en lo referente a creatividad, no deja de ir de tiros largos.

Hay ciudades oscuras y ciudades luminosas; ciudades apagadas y ciudades vibrantes; ciudades grises y ciudades en colores. Decididamente, Málaga pertenece a las del segundo grupo. Y más, tras unos años en los que, en lo referente a creatividad, no deja de ir de tiros largos.

Por Óscar Checa y Juanjo Isidro


Un centro comercial. El espacio que ocupa el recién inaugurado Centre Pompidou Málaga iba a ser un centro comercial. La mesura, la razón, la sensatez y la cordura acompañan a veces a la casualidad y la suerte; y no sé cómo habrá ocurrido en esta ocasión, pero el caso es que el cubo de paneles de cristal de colores (que es el símbolo y la imagen de esta nueva sede del museo parisino) luce en el Muelle Uno, al final del Palmeral de las Sorpresas, la zona rehabilitada del antiguo puerto de la ciudad. La nueva identidad de Málaga parece haberse reafirmado con este y otros proyectos que tienen como denominador común la cultura y la gastronomía. No está mal pensado, ¿verdad?  Este tema de la identidad es precisamente la línea que sigue la colección permanente del Centre Pompidou Málaga: la identidad del ser humano expresada a través del arte contemporáneo. Una buena selección de obras (Brancusi, Frida Kahlo, Picasso, Saura, Giacometti, Erró, Francis Bacon, Ana Medieta, Kader Attia…) y un servicio gratuito de mediadores que explican y acercan el arte moderno y contemporáneo a los menos familiarizados con él son la clave del éxito alcanzado en poco más de medio año que lleva abierto. Todas las preguntas suscitadas en la visita (¿qué es la identidad?, ¿cuántos tipos de identidades tenemos?, ¿cuál nos define mejor?, ¿para qué sirve el arte?, ¿qué o quiénes son los nuevos dioses?...) tienen una traslación a la ciudad. Y para encontrar las respuestas, nada mejor que recorrerla con los ojos bien abiertos.
 


Del puerto a la judería


El Centre Pompidou se encuentra justo en el vértice del ángulo de cuarenta y cinco grados que forman los dos grandes paseos reformados de la zona del puerto. El Muelle Uno es el brazo que se extiende hasta la bocana y en cuyo extremo está el faro, que aquí llaman La Farola. Está repleto de terrazas, restaurantes y tiendas, además de un espacio complementario dedicado a la creación y al arte: el ARTsenal. El otro brazo del ángulo es el Muelle Dos, aunque se conoce más como Palmeral de las Sorpresas. El nombre se lo dan las más de 400 palmeras que se han plantado aquí, junto a otros árboles y arbustos. En este jardín, encontramos, además, restaurantes, museos y espacios de ocio, aunque lo que más llama la atención es la pérgola de hormigón blanco que se extiende a lo largo de todo el muelle, creando efectos de luces y sombras y de movimiento, con sus “costillas” de forma ondulada. Los malagueños ya están habituados, para ellos es parte de su paisaje capitalino y pasan sin más, aprovechando la sombra, pero los que llegan de nuevas se detienen bajo esta enorme estructura y la estudian, la miran, la examinan: olas petrificadas, el armazón de alguna extraña criatura… las comparaciones ayudan a aprehenderla y, al tiempo, ponen en marcha la fantasía y la creatividad de cada uno, lo cual no está nada mal.


El Muelle Dos sirve también como terminal de pasajeros de los buques de cruceros más pequeños. Los grandes se quedan un poco más allá, en el puerto, pero unos y otros son una de las nuevas bazas de la fuerza turística de Málaga. Gran parte de estos viajeros llegan hasta aquí atraídos por una pinacoteca, el Museo Picasso Málaga, y con ello, entran de lleno en una de las partes más antiguas de la ciudad: la judería. Aquí se levantó, tras la reconquista de la ciudad, el Palacio de Buenavista, que hoy, reformado y ampliado, alberga el Museo Picasso. En él se recoge un conjunto de obras que representan las innovaciones revolucionarias de la trayectoria del pintor, además de la gran variedad de estilos, materiales y técnicas que manejó. Vuelve a salir en nuestro viaje la cuestión de la identidad, pues uno de los aspectos relevantes en el recorrido de este museo es la relación del artista con su ciudad natal. Pero también podremos descubrir más sobre nosotros mismos, sobre todo si afrontamos la visita siguiendo una máxima del propio Picasso que proclama que “no corresponde al pintor explicar su obra; corresponde al que está delante decir qué piensa de ella”. ¿Qué nos transmite cada pintura, cada escultura?, ¿qué sentimos?, ¿qué vemos?

Esto sirve para abordar otros museos y otro tipo de arte, claro, aunque siempre es bueno conocer qué hay detrás. Así lo entienden en el Museo del Vidrio y el Cristal, y todas las visitas que acogen son guiadas. Para la mayoría, sería difícil llegar a comprender el mundo de las Artes Decorativas si no contáramos con algún tipo de orientación, interpretación y explicación como la que se da en este curioso museo ubicado en una casona del siglo XVIII, que es la vivienda misma del propietario de la colección. Esto no es algo baladí, pues la mayoría de las piezas están, así, expuestas en contexto, acompañadas de mobiliario, cuadros y otros objetos que corresponden a cada periodo histórico al que hace referencia la obra artística de cristal y vidrio. Además, organizan talleres (de vidrieras, collages…), empeñados también en rehabilitar el antiguo barrio artesano de San Felipe Neri, y convertirse en un lugar de referencia y estudio para los artesanos modernos.



Algo parecido está llevando a cabo el Museo Carmen Thyssen Málaga con el Entorno Thyssen, que está provocando la rehabilitación urbanística del barrio, y la instalación de nuevos negocios, como Mahatma Showroom, un espacio que promueve el arte y el diseño a través de exposiciones de artistas emergentes y talleres creativos para adultos y niños, basados en la arquitectura.

Urban art en el Soho

A muchos malagueños les hace gracia eso de que el barrio que siempre se ha llamado El Ensanche, ahora se conozca como Soho. Porque el Ensanche Heredia, un espacio entre la Alameda Principal, el río Guadalmedina y el puerto, fue eso, el ensanche urbanístico de la ciudad, planificado en el siglo XIX. Aunque aquella fue una época de esplendor, con el tiempo, este barrio acabó siendo algo marginal. El nombre de Soho, con el apellido de Barrio de las Artes, apareció hace algo más de una década cuando comenzó el proceso de recuperación y reactivación del distrito, teniendo como guía la cultura y el arte. Arte del siglo XXI, representado por el urban art, arte callejero o street art. Un paseo por las calles de este barrio (muchas de ellas se han convertido en peatonales) nos revela esa faceta artística de manera abrumadora. Artistas de prestigio nacional e internacional han intervenido en los muros de edificios de pisos, hoteles, tiendas y garajes, plasmando obras tan llamativas como las de Obey, D’FAce, ROA, Faith 47, Sal East o Boamistura. El proyecto MAUS (Málaga Arte Urbano Soho) es el responsable de toda esta energía creativa que se extiende a otras disciplinas como las artes escénicas, la fotografía, la música, etc. Y lo importante es que cuentan con el apoyo del barrio porque llevan a cabo otras iniciativas como Okupart Project, una idea que consiste en contar con exposiciones “ocupas” de artistas internacionales en locales para alquilar o en bloques de edificios de viviendas, que ayuden a ese propósito. ¡Y vaya si ayudan!


Para completar todas estas acciones, y como un punto de referencia, se creó el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC), un lugar desde el que se siguen llevando a cabo las principales intervenciones y proyectos en el barrio, además de funcionar como un museo. Un museo como el que hay pocos, pues su colección recoge algunas de las mejores obras de los, hasta hace poco, artistas callejeros, que se han convertido en marcas de calidad del arte urbano a escala mundial. Al haber sido uno de los primeros centros de este tipo, los más renombrados artistas lo consideran también como su casa, por lo que logra exposiciones como la de Obey, que reunió cientos de obras de este afamado diseñador gráfico y artista urbano estadounidense. Él también fue invitado a pintar algunas de las paredes de los edificios del barrio y su mural gigante, titulado “Paz y Libertad” se puede ver en el bloque de pisos que hay justo detrás del CAC, junto a otra intervención de D’Face.
 

Revelación en el ruso

Igual que el CAC se instaló en el espacio que antes fue el Mercado de Mayoristas de Málaga, un edificio histórico rescatado y acondicionado sirve para alojar otros dos proyectos museísticos totalmente distintos pero a cual más singular e interesante. Se trata del Museo Automovilístico y la Colección del Museo Ruso, ubicados en la antigua Tabacalera. Quedan algo más retirados del centro, sí, pero se llega en un corto paseo, y os aseguramos que vale la pena. En el primero, el Museo Automovilístico de Málaga, podréis seguir la historia del siglo XX a través de los coches y la alta costura. La colección del portugués João Magalhães incluye casi un centenar de coches originales, algunos restaurados con algún toque particular como tapicería de piel de avestruz o insignias de capó realizadas en cristal de Lalique que, evidentemente, no se corresponden con el modelo primigenio. Esas pequeñas licencias responden a la idea de que lo que aquí se expone son automóviles pero vistos como una obra de arte. Es decir, que este lugar no tiene nada que ver con los motores, la potencia o la velocidad, sino con el diseño. Junto a los modelos más significativos de cada época (Hispano Suiza, Bugatti, Rolls Royce, Cadillac, Aston Martin, Ford, Ferrari...) se expone una colección complementaria, en este caso de moda.

Los vestidos y los estilos de los grandes diseñadores y modistos del pasado siglo acompañan a los coches para mostrar no solo la evolución artística, sino para recrear iconos y ambientes como el Moulin Rouge, el Titanic o el fenómeno musical de los fans, con artistas como los Rolling Stones, Madonna o Lady Gaga.



En el edificio de al lado podemos ver otro tipo de iconos. Nos referimos a las tablas que forman parte de la exposición temporal del Museo Ruso y que completan la muestra principal, procedente de la colección del Museo Ruso de San Petersburgo, la mayor de arte ruso del mundo. La sede de Málaga, abierta hace tan solo unos meses, es la primera que este museo tiene fuera de Rusia. Hasta aquí han viajado los Kandinsky, Chagall, Malevitch y Tatlin, entre otras muchas obras de artistas menos conocidos pero de gran calidad. A través de pinturas que ilustran cada uno de los periodos, tendencias y géneros del arte ruso; objetos de artes decorativas o vestimenta, este centro nos presenta, en realidad, un retrato de la cultura del país de los antiguos zares. Y, de nuevo aquí, aparece el tema de la identidad de la que hablábamos al principio…


Tras el recorrido por las enormes salas de este museo, sentados en un hall decorado con modernos vinilos de colores, reflexionamos acerca de ello. Málaga nos ha revelado muchos aspectos de su personalidad. No es una ciudad cerrada: se deja mirar y mira ella con osadía (que para eso es la antigua Malika o Malaka, la “reina”), conocedora de su atractivo innato, potenciado ahora por tan acertados aderezos y atavíos. Es una ciudad de muchas caras o, tal vez, una ciudad de muchas versiones de una misma cara: la de la vitalidad expresada a través del arte. Sea como sea, el hecho de mostrarse tan accesible crea unos lazos que no siempre aparecen en un viaje; unos lazos que incitan a volver para profundizar en la esencia de ese carácter luminoso y entusiasta.
 

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Texto y fotos: Editorial Viajeros

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Texto y fotos: Editorial Viajeros

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